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Añoranza por las resorteras

ESCAPARATE POR MARIO BARRERA ARRIAGA

En términos reales, ¿cuándo ha estado bajo control el terrorismo?
Y sus modalidades, la del Estado contra sus habitantes a través de sus cuerpos de seguridad o sus reformas fiscales, la de los grupos inconformes contra el Estado, el que se da entre naciones o bloques de países, los unos que mediante esa estrategia pretenden el separatismo, como en tiempos de la ETA en España, o los otros que así tratan de defenderse del imperialismo que quiere arrebatarles sus riquezas, como el petróleo en Oriente Medio, ostentándose las potencias como paladines de la democracia. La hay también por motivos de disputa territorial, disfrazados de tintes religiosos, como Israel y Palestina.
El más reciente de los dramas derivados de un acto terrorista ocurre ahora mismo en París.
Conmoción global… Drama para los familiares de las víctimas… Cosecha de miedo que justifica el endurecimiento del gobierno local y de las naciones que quieren llegar primero al agresor con el pretexto de hacer justicia…
Incertidumbre, porque sin haber digerido el primer impacto, se temen otros nuevos atentados del Estado Islámico.
Ira y venganza, pero también ambición, al reaccionar el gobierno francés advirtiendo represalias, y no precisamente pacíficas.
Violencia y más violencia.
Irresponsabilidad… La de los gobiernos, como el que se dice nuestro y que sin nuestra autorización, clama por una acción beligerante para combatir el terrorismo por quedar bien, sin valorar los riesgos que para el pueblo mexicano implica un posicionamiento no de paz, sobre todo ante una nación fundamentalista. Como si no tuviéramos bastante con la violencia del Estado Mexicano contra los desaparecidos de Ayotzinapa o los de Morelos, las muertas de Juárez, las del camposanto que es México, la ejercida contra periodistas y defensores de derechos humanos.
Violencia disfrazada de lucha por la justicia, la democracia y supuestamente por evitar más violencia con la violencia misma. Violencia, violencia y más violencia.
¿Qué gobierno está cabalmente preparado para soportar atentados contra sus gobernados? ¿Pueden firmar, so pena de renuncia y encarcelamiento, o mejor aún: su vida misma, que efectivamente podrán eliminar el terrorismo?
¿Cómo? ¿Con bombas atómicas al estilo Hiroshima y Nagasaki hasta desaparecer a todos los fundamentalistas y apropiarse de todos sus bienes?
¿Y después con quién hacemos la guerra y a cuántos les vendemos armas? ¿Contra las dictaduras o los gobiernos autoritarios?
Como el trasfondo de la reacción indignada de los gobiernos del orbe contra los criminales atentados en Francia no es de paz, sino de más violencia, vivimos bajo la sombra del terrorismo.
¿Nos estamos acostumbrando, simplemente al rogar que los siguientes no seamos nosotros?
¿Y si borrásemos de todos los diccionarios las palabras dios y democracia, para quitarles las caretas a los imperialistas que quieren apoderarse de territorios ajenos y sus riquezas? ¿Para quitarles a los fundamentalistas y autócratas cualquier pretexto?
Bueno, acaso encontrarían otros pretextos.
La Segunda Guerra Mundial, en gran medida, tuvo sus motivaciones en la exigencia de un nuevo reparto territorial y de sus riquezas a nivel global. “Necesitamos respirar”, que no era otra cosa sino expandirse, clamaba el régimen Nazi.
No veo que, de darse, la Tercera Gran Guerra sea por otras razones… mucho menos las de paz.
El problema estriba en que hoy no sólo tenemos el poder de arrasar a los enemigos, sino al planeta con nosotros.
¡Cuánto extraño las resorteras que usábamos cuando niños!