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Francisco… ¿Un Papa anti-PRI?

La Ley de Herodes por Miguel Ángel Isidro

Mucha expectación ha provocado en los círculos políticos y sociales de nuestro país el anuncio de una inminente visita a México del Papa Francisco, máximo jerarca de la Iglesia Católica y jefe del Estado Vaticano, el año próximo.

Desde su entronización, Francisco se ha distinguido por profesar una línea pastoral de apertura, haciendo frente a la línea conservadora de sus antecesores Benedicto XVI y Juan Pablo II; ha salido al frente de las grandes crisis de la grey católica buscando dar a la iglesia un rostro más sensible y humano, más cercano a las causas sociales y abiertamente autocrítica en temas que le han restado simpatías y liderazgo moral a su movimiento religioso, como es el caso de los lujos con los que viven y se rodean sus altos jerarcas, y el controvertido asunto de los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y religiosos.

En el caso particular de México, sin embargo, la relación del jefe de la iglesia católica con la actual administración federal no ha sido sencilla. A inicios del presente año, causaron controversia los conceptos vertidos por el Papa Francisco en una misiva enviada a su compatriota el pontífice Gustavo Vera, a quien advierte sus temores acerca de que “Argentina se mexicanice”, al referirse a la creciente problemática del narcotráfico y el crimen organizado en la nación sudamericana. El documento fue filtrado a la prensa, donde alcanzó repercusión internacional.

El gobierno mexicano reaccionó airadamente ante dichas afirmaciones, enviando incluso una nota diplomática a la Santa Sede. La disculpa se emitió argumentando que no se trataba de una expresión pública del Santo Padre, sino de una comunicación privada que fue indebidamente interferida. Sin embargo, quedó patente la molestia por parte de Los Pinos por este episodio.

De acuerdo con informaciones periodísticas, el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa suscitado en la ciudad de Iguala, Guerrero hace un año, también fue motivo de desencuentro entre Los Pinos y El Vaticano, al ventilarse la posibilidad de que en su reciente visita al continente americano, Francisco incluyera una estancia en la sierra de Guerrero, para ofrecer una misa en solidaridad con los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”.

Nuevamente el asunto habría provocado molestia en la administración federal, a grado tal de que fue terminantemente negado el permiso para dicha celebración, según lo refirió en su columna el periodista Raymundo Riva Palacio.

A diferencia de Juan Pablo II, quien siempre reconoció a México como el más importante bastión católico de Latinoamérica, Francisco optó por dejar la visita a nuestro país para una mejor ocasión, privilegiando su presencia en Cuba y los Estados Unidos en su más reciente gira internacional, destacando en este último país el elevado componente político de su agenda, al ser el primer líder religioso en dirigir un discurso ante la máxima representación de los poderes de la Unión -la Asamblea de Representantes- y por su elocuente mensaje ante la Asamblea General de la ONU. La migración, la crítica al capitalismo salvaje y la defensa de los derechos humanos fueron los temas centrales de su viaje pastoral.

Suponiendo sin conceder que el caso Ayotzinapa haya sido factor de disensos para la visita papal, ¿cómo entender que Francisco, en plena campaña por la reivindicación moral del catolicismo, haya soslayado la posibilidad de visitar a una de las comunidades más importantes para su Iglesia, no sólo por su número de fieles, sino por las importantes aportaciones económicas que canaliza al Vaticano?

Esta misma semana, el Papa volvió a ser noticia en México, luego de que el aspirante presidencial por MORENA Andrés Manuel López Obrador publicara en sus redes sociales una serie de fotografías donde aparece saludando al Pontífice a la salida de la Audiencia Papal. Según sus afirmaciones, AMLO entregó a Francisco una medalla de plata y una misiva donde hace referencia a su anunciada visita a Méxica, misma aún no tiene fecha definitiva.

Dicen que en la política no hay casualidades…

¿Fue acaso una coincidencia, o un deliberado guiño de simpatía del heredero de San Pedro al inminente candidato de las “fuerzas progresistas” a la presidencia de México?

Desde los gobiernos de José López Portillo y Miguel de la Madrid (con las visitas masivas de Juan Pablo II), y de Carlos Salinas (con el establecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la controversial Reforma al Artículo 130 constitucional), la jerarquía católica se había venido llevando la fiesta en paz con el gobierno mexicano, obviamente con especial énfasis durante los dos sexenios de gobiernos panistas. ¿Qué está pasando ahora?

¿Acaso el Papa Francisco será de aquellos que consideran que el “Mexican moment” ya pasó de moda?
¿Será de la idea de que una eventual alianza con el actual gobierno mexicano le traería más desprestigio que fortalezas?
¿El Papa Francisco es partidario de que en el caso de los 43 de Ayotzinapa, el culpable “fue el Estado”?

O de plano… ¿Será que el Papa Francisco es abiertamente anti priista?

¿Cómo puede incidir esto en el 2018?

La mejor respuesta es la de Usted…

DE BOTEPRONTO: Siempre se ha especulado que López Obrador es cristiano protestante, no católico. ¿A qué fue entonces al Vaticano? ¿Quién le patrocinó el paseo?

Twitter: @miguelisidro