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El Papa: favor al régimen su no visita

Escaparate por Mario Barrera Arriaga

El Papa Francisco ha hecho un enorme favor a la administración del Presidente Enrique Peña Nieto al negarse elegantemente a visitar nuestro país, particularmente después de hacerse pública alguna conversación privada en la que expresaba sus temores de que su natal Argentina sufriera el efecto de la “Mexicanización”, refiriéndose a que la nación andina se estaba contaminando no sólo de la preponderancia del crimen organizado, sino la corrupción entre las autoridades.
Y es que la mejor manera de ayudar al régimen es simplemente no pararse en el país y dejar las cosas como están, porque, si eventualmente viene Su Santidad a nuestra tierra, su presencia no sería simplemente un acto protocolario ni la hoguera de las vanidades como en tiempos de Vicente Fox y de su Martita.
Una futura visita del Papa Francisco a tierra azteca necesariamente implicaría:
1.- Una reunión con el Presidente Enrique Peña en la que seguramente se abordaría en lo privado tanto la sospecha de corrupción propia y de su gabinete, lo mismo que el reclamo no sólo por el monstruoso incremento de la delincuencia y el crimen, los feminicidios, así como la eventual colusión o ineficacia de su gobierno en los casos de Ayotzinapa, las agresiones a periodistas y los miles de desaparecidos en nuestro país.
2.- Necesariamente implicaría también una reunión con el Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera, para definir con claridad y sin dobleces la postura de la Iglesia Católica en nuestro país de cara a la pobreza creciente, la inoperancia gubernamental que no mueve un dedo por cambiar el desempleo y la pérdida en la calidad de vida de esta nación, que es omiso en los casos de corrupción del propio gobierno, en su trato a los migrantes de Sudamérica en su peregrinar hacia los Estados Unidos, entre otras lindeces. Más aún: también tendría que establecerse una política de pleno respaldo a los obispos y sacerdotes que diariamente están en la mira del gobierno y de la delincuencia para ser eliminados por ponerse del lado de los desvalidos, junto con un exhorto para que en cada estado de la República el resto de los obispos hagan lo mismo y no se trate simplemente de casos aislados de heroica fe en que la solidaridad con los desvalidos puede servir de algo.
3.- Si en su visita a Cuba el Papa se reunió con los hermanos Castro, como un acto de congruencia aquí en México necesariamente tendría que encontrarse con el único opositor del régimen, que es Andrés Manuel López Obrador, por varias razones:
* Para exhortarlo a conducirse por la vía institucional.
* Para evitar, como dijo Peña Nieto en su Informe Presidencial, los populismos.
* Para conminarlo a hacer de Morena una oposición responsable.
Esto quién sabe qué tanto le pese al gobierno, porque sea lo que sea, podría parecer o ser utilizado como un espaldarazo, reconocimiento y/o legitimación de esa fracción de la izquierda –cualquier cosa que eso signifique- que representa López Obrador.
Ahora bien, ¿cuáles pueden ser las lecturas de la negativa papal a venir –al menos de momento- a México?
-Un favor al gobierno de Enrique Peña Nieto para no meterlo en aprietos por la corrupción, la impunidad, la violencia, la inseguridad y la pobreza en la que se hunde nuestro país.
-Un rechazo a la forma como el actual régimen está tratando temas que a la iglesia le son importantes, como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo género, e implícitamente una condena reprobatoria a la conducción y liderazgo del Presidente.
-Teme que aquí lo maten, lo secuestren o desaparezcan.
-La seguridad de que el “México, siempre fiel” no amerita mayor inversión de tiempo, a pesar del creciente número de feligreses que pierde la Iglesia Católica por su falta de soluciones a los problemas de la gente y de la sociedad.
En términos reales, salvo mejor opinión, si la presencia en México del Papa, como en ocasiones anteriores, sólo implicará el tradicional recibimiento presidencial y de los católicos, sin que aporte nada, como no lo hizo antes, para cambiar la realidad social del país, gracias por su ausencia.
Si ha sido un favor al Presidente en turno, pues da lo mismo.
Con o sin el Papa, México sigue inmerso en una espiral de desolación inmensa.