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LA LEY DE HERODES

Por Miguel Ángel Isidro

Twitter: @miguelisidro

República Corcholata

 En las últimas semanas, cobró particular auge en los medios y las redes sociales la polémica en torno a la llegada de la actriz y comediante Carmen Salinas Lozano a una diputación federal, tras haber sido postulada por el PRI a través de la vía plurinominal.

De acuerdo a información periodística, en la plataforma Change.org se recabaron 162 mil firmas solicitando la renuncia de Salinas Lozano, mismas que se dispararon a raíz de que la comediante subiera a sus redes sociales un video en el cual no sólo reconoce no tener iniciativas que presentar a la Cámara de Diputados, sino que además pidió a sus detractores “ponerse a trabajar y dejar de hacerla de pedo”, argumentando contar con el respaldo de su partido, el PRI.

“No se trata de cambiar un sistema, pero sí no dejar que se vuelva peor”, argumentan los promotores de esta iniciativa en Change.org, la cual impulsan a través del título “Quitémosle la diputación plurinominal a Carmen Salinas”, aduciendo que la actitud mostrada por la mujer que durante años interpretó el papel de “La Corcholata”-una prostituta alcohólica y alburera que apareció en varias películas del llamado “cine de ficheras”- provoca indignación por hacer “alarde de su corta capacidad como servidor público, enalteciendo (a la) ya de por sí decrépita clase política mexicana”.

El problema de origen de esta polémica sigue siendo el mecanismo para la asignación de las diputaciones plurinominales en nuestro país, tema que fue parte de los compromisos de campaña del hoy Presidente Enrique Peña Nieto,  pero que no fue respaldado por su propio instituto político, el PRI.

Carmen Salinas no llegó al congreso por asalto ni por golpe de estado. Es diputada gracias al voto de los ciudadanos que respaldaron la alianza PRI-PVEM en las pasadas elecciones, en la quinta circunscripción federal, conformada por los estados de Guerrero, Morelos, Puebla, Tlaxcala y el Distrito Federal. Y su postulación no fue ningún secreto: fue asunto público desde antes de iniciar las campañas.

En otras palabras, si alguien quería impedir la llegada de esta señora  al Congreso, debió efectuar una campaña mucho más activa en las entidades a las que hicimos referencia, o en un momento dado, apuntar los obuses mediáticos hacia la dirigencia nacional del PRI, entonces encabezada por César Camacho Quiroz, para reconsiderar su postulación.

La realidad es que en las pasadas elecciones, pese a los bajos índices de participación, el PRI fue el principal ganador en la contienda por las diputaciones federales.

Entre los argumentos que se han esbozado en contra de Carmen Salinas, sus detractores aducen que se trata de una persona sin preparación, sin capacidad para el servicio público y que no merece tener fuero, por ser parte de un grupo de “parásitos que viven y cobran del trabajo de cada uno de nosotros”.

La pregunta es: ¿cuántos legisladores “serios” pasarían la prueba del ácido que los activistas de internet exigen que cubra Carmen Salinas para ocupar una diputación?

Honestamente, muchos de los comentarios vertidos en las redes sociales sobre este controvertido tema denotan un enorme racismo, odio social y discriminación hacia ciertos sectores sociales, pasando por alto que más allá de su supuesta “preparación”, los diputados son, -se supone- representantes del pueblo que los elige, sea por la vía directa o proporcional.

Desde nuestra particular óptica, un personaje como Carmen Salinas representa a cabalidad el sombrío panorama político y social de México.

Más allá de los calificativos hirientes, la postulación y presencia de Doña Carmen en San Lázaro ejemplifica la decadencia de partidos, instituciones, medios đe comunicación y sociedad. En nuestro sistema político electoral se pondera la popularidad por encima de los proyectos, y por ello los partidos recurren a cualquier argucia que les permita sumar votos.

Quienes han desatado la campaña de odio racista en contra de Carmen Salinas  no se dan cuenta que su imagen es sólo el preocupante reflejo de lo que nuestro país representa actualmente: un chiste grotesco, vulgar y negado a la autocrítica.

También se ha sobredimensionado el papel de las redes sociales.

Y no es que no sean importantes, sino que de nada sirve debatir en el ciberespacio si no actuamos en el terreno institucional; mediante el voto, la acción en territorio el seguimiento de los temas de trascendencia. La fugacidad con que transita la información en la internet banaliza lo trascendente y entroniza la frivolidad. Con suma dureza, pero no con poca precisión, Umberto Eco ha calificado a las redes sociales como “la invasión de los necios”, donde un camorrista de taberna tiene el mismo derecho a debatir que un Premio Nobel.

El gran reto de hoy en México es construir ciudadanía, y llevar este esfuerzo al territorio de las redes sociales y el ciberespacio. No podemos exigir tolerancia, respeto y pluralidad en el mundo virtual y seguir actuando de manera irresponsable, indolente y autoritaria en el mundo real.

Al final del día, cada país tiene los gobernantes que se merece. Para cambiar al sistema debemos analizar en qué estamos fallando como sociedad.

DE BOTEPRONTO: Nuevamente se abre la polémica sobre el caso Ayotzinapa. Y a pesar de las evidencias, al gobierno federal le siguen ganando la agenda. Ni la intervención de peritos extranjeros ha logrado revertir el daño provocado a la imagen y credibilidad de la PGR. Difícil conseguir en el corto plazo conclusiones que dejen satisfechos a todos los actores, pero más allá de esto, este expediente debe marcar la pauta para que hechos como los de la Noche Negra de Iguala no se vuelvan a repetir jamás.