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2016: año de terror

Escaparate por Mario Barrera Arriaga

No se trata de ninguna profecía, al menos no que yo, en mis delirios, haya provocado o sea de mi invención. El 2016 será un año de terror y crisis porque así lo han anunciado conjuntamente el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el propio Presidente de la República, Enrique Peña Nieto: el presupuesto de egresos del año venidero contempla una reducción de hasta el 40 por ciento en las participaciones federales tanto a estados como a municipios y, más aún, las nuevas reglas que norman las posibilidades de endeudamiento para gobernadores y alcaldes son en extremo rígidas, ya sea con la banca de desarrollo o la privada, y ningún recurso obtenido de esa difícil manera podrá ser usado para pagar pasivos, sino obras, que serán ampliamente fiscalizadas.

En el caso Morelos, hay que partir del hecho de que nuestra entidad depende hasta en un 97 por ciento de las participaciones federales. Eso nos da una idea de la magnitud del impacto que tendrá en las finanzas locales el recorte, el de origen en el presupuesto que está próximo a discutirse en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, porque nada descarta que a lo largo de 2016 se presenten nuevos ajustes económicos por parte del Gobierno de la República.

El margen de maniobra tanto para gobernadores como para alcaldes, de por sí ya acotado, se verá aún más reducido, porque ahora la disposición de recursos frescos ya no dependerá de las negociaciones con el Congreso solamente, sino de las reglas dispuestas desde el centro.

Así, 2016 será un año de tragedia para los numerosos empleados gubernamentales de los tres poderes de la entidad, lo mismo que para los ayuntamientos, porque como medida de ajuste, aquí también se emprenderá la medicina amarga que el Gobierno Federal aplicará a sus propios trabajadores de confianza.

Si bien a nivel federal no se prevé el incremento ni la creación de nuevos impuestos, tratándose de estados y municipios lo más probable es que, para subsistir, el pago de bienes, servicios y licencias que se otorgan localmente incrementarán su costo, con el consecuente golpe a la depauperada economía de los morelenses.

En el entendido de que esta situación de permanentes ajustes presupuestales se prolongará al menos tres años más, en lo que se estabilizan los precios del petróleo, una de nuestras principales fuentes de ingresos a nivel federal, además de la austeridad, ¿qué alternativas tienen los gobiernos estatal y municipales para solventar los años de vacas flacas que se avecinan?

Lo que indica el sentido común:

1.- Renegociar –que no es lo mismo que contratar- las deudas con la banca de desarrollo y la privada a plazos más amplios para disponer de mayor liquidez.

2.- Antes de pensar en despidos, analizar con honradez la enorme cantidad de gastos suntuosos y de operación que nunca tuvieron razón de ser y prescindir de ellos.

3.- Reorientar la inversión a los sectores prioritarios: los que impulsan el desarrollo social, la educación, la salud, la obra que genera empleos y la seguridad pública.

4.- Flexibilizar las reglas y la tramitología para incentivar la apertura al menos de nuevos negocios familiares no sólo para allegarse recursos, sino para ofrecer a las familias que quedarán en el desempleo un modo de vida honesto.