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Evaluación electoral 2015

Escaparate por Mario Barrera Arriaga

Teóricamente, los partidos políticos ya debieron haber realizado su evaluación interna de las elecciones de 2015, aunque hacia afuera sólo se ven en puerta algunos cambios que vaticinan que todo seguirá igual. No obstante, ¿ya hicimos la evaluación de los órganos electorales tanto a nivel federal como en las entidades federativas?
Pues bien, en el plano de los partidos políticos, uno se pregunta si Miguel Ángel Osorio Chong le copió a Carlos Navarrete Ruiz, sedicente líder nacional del Partido de la Revolución Democrática bajo las faldas de “Los Chuchos”, que después del fracaso dijo que no iba a renunciar, algo así como el secretario de Gobernación, que porque no era de hombres y que de nada servía remover a uno, sino reconstruir al partido. Así que ahí pervive la ceguera y el peso de la chequera para unos cuantos.
El Partido Acción Nacional “renueva” su dirigencia nacional, con un subordinado de Gustavo Madero y su grupo, así que no podremos esperar tampoco grandes reflexiones ni cambios en el blanquiazul.
En el Partido Revolucionario Institucional, el Tlatoani, ya cambiados los estatutos internos –como si hiciera falta- se convertirá en el gran elector del nuevo líder de su partido. Y si no ha habido movimientos en el gabinete, mucho menos en el control férreo sobre el instituto político que le secunda. Acaso lo único relevante es ver cómo se cierran las puertas a las aspiraciones presidenciales de Manlio Fabio Beltrones.
Los partidos políticos siguen igual, acaso con la consigna de cerrar las puertas a las candidaturas independientes, para evitar más sorpresas desagradables.
Por lo que toca al balance de la autoridad electoral, si bien es cierto no podemos ignorar el hecho de que la Sala Superior del Tribunal Federal Electoral aún está atorada con el lodazal en que se convirtieron las elecciones 2015 en diversas entidades, tenemos los elementos suficientes para cuestionar la labor del Instituto Nacional Electoral y los Organismos Públicos Electorales en las entidades federativas.
Por lo que hace al INE, memorable es que cinco integrantes más el Presidente del Consejo General tengan marcada inclinación priista, que extrapolaron a los OPLES. Como para no olvidar es su magnanimidad con el Partido Verde Ecologista al no retirarle el registro, conforme a lo establecido en la ley y su sistemática violación y burla para todos. ¿Y qué me dice usted de la moderna “caída” del sistema, o del escandaloso contar más allá del ciento por ciento de los votos?
Por lo que hace al desempeño de los OPLES, por lo pronto, la Sala Superior dispuso que en el de Chiapas, por no respetar la paridad de género, lo mismo que por su parcialidad a favor –adivinó usted- del Verde Ecologista, fuesen removidos sus integrantes. El INE argumentó que la elección estaba encima, y ya consumado el crimen, acataría la resolución.
Pero, ¿y qué me dicen del OPLE Morelos? Estos sí que se volaron la barda: no respetaron tampoco la paridad de género, entregaron fuera de los tiempos establecidos por la ley los resultados de la contienda, perdieron paquetes electorales, dieron el triunfo a una mujer que ni siquiera estaba inscrita en la competencia electoral, sacándosela de la manga y autoerigiéndose en el gran elector. ¿Entonces ya para qué hacemos elecciones, si ellos pueden decidir quién llega, si es hombre o mujer, y el plazo que se les antoje para dar los resultados?
Pero también están a debate los OPLES de Colima, en la elección para gobernador, y en el Distrito Federal, por la intromisión del Consejero Presidente, pendientes de ser sancionados por el Tribunal Federal Electoral.
Y lo que más confunde: ¿por qué la Sala Superior, por menos, ordena suplir a los integrantes del OPLE en Chiapas, y por todas las aberraciones en Morelos no hizo lo propio?
Conclusiones:
1.- La reforma Político-Electoral de diciembre de 2014 no sirvió; habrá que hacerle nuevos parches al gusto de los partidos, tendientes, de acuerdo con sus intereses, a minar el acceso a las candidaturas independientes.
2.- El prestigio alcanzado por el ya desaparecido Instituto Federal Electoral fue echado por tierra en un año por el nuevo Instituto Nacional Electoral, así como las cuotas de poder plasmadas en la integración del Consejo General.
3.- Ese mismo problema de origen se replicó en los OPLES, sin que hasta ahora quede claro cómo si se designó a los más capaces para su integración, en evaluaciones hechas por el Ceneval y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, terminó imponiéndose la voluntad de los cinco templarios del PRI en el INE más el que se hizo “lorenzo”.
Todos reprobados, con excepción de la sociedad, que no declinó la única graciosa concesión que le dan la clase política y los gobernantes de ejercer el voto estratégico o de castigo, sin caer en el canto de sirenas de la anulación.
¿Y ahora qué? ¿A recomponerlo todo? ¿Cómo, si la responsabilidad de hacerlo está en manos de los mismos de siempre y no quieren soltar el poder?