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Detrás del escándalo del “Chapo”

Joaquin Guzman

Escaparate por Mario Barrera Arriaga

 

A nivel nacional e internacional la nota es la fuga de “El Chapo Guzmán”. Pero, al margen de la gravedad del caso, ¿su efecto mediático es un efecto distractor? ¿Qué de importante hay que resulta ensombrecido por este escándalo?

Pues mire usted la prensa, y ni más ni menos, este quince de julio inician las negociaciones de la Ronda Número 1 para para la explotación de las reservas petroleras detectadas ya en el país en aguas someras, las más fáciles. Y más aún: resulta que Petróleos Mexicanos se reserva su derecho de participar en ellas y participar en las siguientes, que abordarán las de aguas profundas, las más difíciles, en las que no competimos, en las que no tenemos la tecnología ni la experiencia necesarias.

Hay que reconocer que en la Ronda Cero supuestamente Pemex tuvo una baraja de dónde escoger los yacimientos y proyectos que quería explorar y explotar. Privilegio supuesto para defender nuestro derecho a decidir primero para casa lo que mejor nos conviene. Personalmente, no he tenido noticia del resultado, porque no tiene una profunda difusión. No obstante, puesto que la intención es tender el anzuelo a los inversores nacionales e internacionales y sus grandes compañías, ¿quién garantiza que la línea haya sido escoger los menos atractivos y/o los tendientes al fracaso para que eventualmente entren las transnacionales, particularmente en tiempos en que los empleados temporales vía outsourcing ya no son requeridos y los de base son despedidos?

En la Ronda Número 1 ahora tocará el turno para que los empresarios nacionales y extranjeros se sirvan con la cuchara grande sobre lo que van a explotar en aguas someras, así como 14 bloques (áreas geográficas a licitar) en los que se encuentran yacimientos prospectivos, de los cuales los de mayor potencial son entre tres o cuatro en la rama de exploración, y de explotación son cinco bloques a disposición del mejor postor, sumado a lo que Pemex “no quiso” de la Ronda Cero.

¿Qué significa esto para la soberanía energética nacional en materia de petróleo y gas, ese que hoy no aprovechamos?

Pues simplemente que dependerá de las compañías extranjeras más poderosas y daremos un salto cuántico hacia principios del siglo pasado, en tiempos del defenestrado Porfirio Díaz, en que sectores estratégicos, principalmente el energético, pero también las comunicaciones terrestres y marítimas, estaban en manos de consorcios multinacionales.

Ahora bien, ¿qué implicaciones para el medio ambiente tiene esta apertura a la explotación de hidrocarburos?

Si bien es cierto se creó –en la reforma en energía- una agencia gubernamental en materia de seguridad ambiental para el tema de hidrocarburos, su titular es un director ejecutivo, cuenta con un consejo técnico, que en el papel suenan bien, pero ya sabemos cómo es la legislación y las instituciones en México no funcionan, si bien tiene funciones de prevención y corrección, ¿están realmente capacitados para ello? Lástima, no tiene facultades punitivas y está más enfocada al tema de seguridad industrial, con labores de “supervisar”, “prevenir” y “corregir”, muy diferente a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés) que sí tiene atribuciones para sancionar y les ha ido muy mal con el fracking, que genera gran contaminación y consumo de agua. Y si bien se nos vende la idea de que el gas es menos contaminante que el petróleo, las fugas comprobadas en el vecino país del norte demuestran que a la postre son aún más contaminantes que el mismo oro negro.

Simple burocracia que no va al fondo del problema.

¿Realmente la apertura a las grandes empresas petroleras internacionales reportará grandes ganancias y empleos a México? De las ganancias, son muy discutibles por los gastos de operación que pretextarán las transnacionales, ciertos o no. ¿Y quién tiene aquí la capacidad técnica de corroborarle o de no ponerse de rodillas a lo que nos digan con su poderío? De igual manera, como el precio del petróleo está por los suelos, argumentarán que las ganancias son muy bajas para no darnos nada. Así, las ganancias que con Pemex eran al ciento por ciento, ellos acaso si bien nos va nos entreguen el diez por ciento. Qué lejos estamos del modelo noruego, a quienes tampoco les ha ido muy bien, pero al menos conservan la sartén por el mango.

Con respecto a los empleos y su calidad, puesto que tienen la técnica y al personal especializado, con los mejores salarios, no se generarán aquí, acaso sólo vía outsourcing con bajas garantías salariales y en prestaciones.

No es, pues, un asunto menor. Pero en México, entre la decepción nacional, que empata contra la potencia mundial que es Guatemala y pelea con el campeón del universo y más allá, Trinidad y Tobago, así como con el escándalo de “El Chapo”, pues pasa de noche.

Cuidado.

¿Por qué somos invitados de honor en Francia?

¿Les dice algo “Gas de Francia”, empresa paraestatal del país galo? ¿Y qué me dicen de los españoles?

Ni hablar, ahora la colonización de los recursos naturales sin conquistar imperios.